Ibiza – The island that heals me /Ibiza – La isla que me sana

Hace tiempo que llevaba dentro una sensación de angustia e intranquilidad; me faltaba y me sobraba algo a la vez. Era un vacío y un completo incompleto. Era incapaz de hallar el fondo de este y así saber desatar tal nudo en la garganta y en el más profundo de mi ser.

Hace días descubrí un nuevo sitio de la isla para mi, y dentro de este nuevos rincones, y nuevas sensaciones se iban desenvolviendo cada día en el. He vuelto varias veces desde entonces, y cada vez he ido desvelando secretos que han sacado a flor de piel muchas emociones camufladas .

Hoy como cada día me deje llevar por la isla, y según llegaba al sitio de siempre seguí un sendero diferente hasta llegar a un rincón que me llamaba. Extendí mi pareo y allí sentada contemple el horizonte infinito como si el mundo se parara y según sentí el agua cristalina, la suave brisa, el silencio humano profundo, y el tararear de las olas y las chicharras lloré. Y llorè mientras recordaba a mi abuela y su amor hacia el mar y la playa. Lloré mientras recordaba los veranos con ella en el Mediterráneo, su tez bronceada de tanto pasearse por la orilla y el olor a crema Nivea que le caracterizaba siempre (verano, o no) Lloré mientras la recordaba nadando y flotando graciosamente allí en el agua conmigo y mis hermanos. Lloré al por fin darme cuenta de que ya no la volvería a ver. Y allí mientras lloraba la sentí tanto y tan cerca de mi que ese vacío de repente se sintió lleno.

Lloré según sentada buscaba rocas entre esas aguas cristalinas y veía los pececillos nadar entre mis manos y piernas allí congeladas en el instante.

Lloré tranquila mientras pululaba entre senderos de tierra blanca y rocas pulidas por la brisa y el mar.

Lloré mientras al azar encontraba un acantilado de aguas intensamente turquesas y caminaba entre sus rocas. Mientas veía los veleros al fondo y sentía esa brisa seca, y la arena y sal aún en mi piel.

Lloré mientras allí sentada disfrutaba las vistas que se me han quedado por siempre grabadas. Y decidí tomar rumbo a buscar a Elena, como cada día con el espíritu de una niña ilusionada en busca de su hermana mayor.

Y allí al salir del sendero mientas conducía llegué a ver a alguien que representada en su entereza al ya casi inexistente hippie ibicenco, con rastas doradas, y un rostro sencillo y amable. Allí sentado junto a su autocaravana, con un perrito que jugueteaba a su alrededor. Sentí la necesidad de parar y preguntarle si me regalaba un instante para retratarles. Mientras aún me caían lágrimas agarré mi cámara y gafas de sol para cubrir las lágrimas. Gemma de Barcelona, y Marco de Italia parecían de los más inadvertidos a mi presencia con la cámara y mientas yo me perdía en el momento Gemma me explicaba que veraneaba siempre en Ibiza desde bien pequeña, y por eso le gustaba ir a Ibiza con la autocaravana. Pero Marco remarca que este será el último verano que van a la isla. “Ya no es lo mismo. Esta perdiendo lo que era, te ven hippie y te multan. Ya no dejan aparcar las autocaravanas y hacer camping en cualquier sitio. Hay muy pocos lugares donde no nos dejan estar y por eso estamos en esta cala.” Gemma continúa “tanto Flower Power, tanta isla hippie y tanta ostia y se la están cargando con tanta fiesta, tanta gente de dinero, tantos locales nuevos y tantas subidas de precio. Ya no nos dejan ni vender!” Y allí entre click y click de mi cámara me posan naturalmente en su ser más íntegro en la puerta de su autocaravana. Mateo se lía un cigarro mientras Gemma me da su email entre sonrisas, risas y un hasta luego y buena suerte.

Salí de allí y aún lloraba mientras conducía detrás de un autobús azul lleno de turistas que venían de la playa. Y fue en ese momento que me di cuenta de que quizás Mateo y Gemma tenían razón. La isla esta pediendo su esencia con tanto turista.

A lo lejos mi destino, y mientras conducía entre los campos de olivos, higueras y casas payesas sentía que una vez más esta isla me había inundado de calma y ayudado a aliviar un dolor que llevaba tan escondido que ni el más profundo de mi ser había podido dar con el hasta este momento.

Y allí entre campos de olivos, higueras y casas payesas dejé de llorar en busca de una nueva puesta de sol.

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